Monito del Monte, el habitante silencioso de los bosques

by LaGaceta

La biodiversidad, entendida como la variedad de la vida, cumple un papel más que relevante en nuestra propia existencia, ya que define los rasgos o características de identidad de un lugar determinado, además de la variabilidad de las especies o de los ecosistemas.

No obstante ello, vivimos una contradicción vital. Dependemos de la biodiversidad para sobrevivir, pero al mismo tiempo pecamos de una inconsciencia brutal, ya que resulta evidente que la propia acción del hombre hipoteca cada día el futuro de nuestro planeta, como consecuencia de fenómenos como la deforestación, los incendios forestales, el abuso de pesticidas, el efecto invernadero y los diversos tipos de contaminación existentes, entre otros.

A pesar del oscuro panorama,  en distintos rincones del planeta, la naturaleza se abre paso y siempre se las ingenia para sorprendernos, entregándonos una señal inequívoca de esperanza.

Uno ejemplo de aquello es el “Monito del Monte” (Dromiciops Gliroides), un especie de marsupial chileno (una de los cuatro especies que existen en nuestro país), la que pese a encontrarse en un estado de conservación vulnerable, aún es posible divisarla en algunos bosques hualquinos, principalmente en sector norte de la comuna.

De hecho, los estudios señalan que este marsupial, desconocido para muchos chilenos, es un elemento relevante para la conservación y renovación de los bosques sureños y, curiosamente, se descubrió que se trata de una especie tolerante a las alteraciones provocadas por el ser humano al medio ambiente a través de sus actividades productivas.

El Monito del Monte se ubica en gran parte de los bosques templados del sur de Chile y en una pequeña parte de Argentina. Es un animal de hábitos nocturnos que mide entre 8 y 13 centímetros (con una cola de tamaño similar) y corresponde al único sobreviviente del orden de los “Microbiotheria”,  una especie ancestral cuya data se remonta a los tiempos del mega continente Gondwana (hace más de 45 millones de años), el cual reunía entonces a Australia, Sudamérica y la Antártica.

En Hualqui, no son pocos los relatos asociados a este tímido y apacible mamífero, conocido también como “chumaihuén”. Desde niños, escuchábamos las narraciones de viejos gañanes y baqueanos locales que hablaban de un “animalito” muy particular que habitaba los bosques nativos y que durante la noche infundía temor a través de sus peculiares gemidos parecidos al llanto de cachorros de perros y que suponían un mal augurio, aunque la tradición oral de antaño también reconocía que el escuchar estos sonidos era señal de buena suerte.

Hoy en día, aunque con algo más que fortuna, es posible toparse con este verdadero fósil viviente en lugares como Redolino y en sectores colindantes a la Reserva Nonguén, que habita de manera silenciosa los bosques hualquinos.

Considerando el hecho que hace poco fuimos testigos del esfuerzo asociativo de los municipios de Concepción, Chiguayante y Hualqui para la protección de la Reserva Nonguén y su futura transformación en Parque Nacional, resulta fundamental aportar al reguardo efectivo de especies como el Monito de Monte.

El deber moral nos obliga articular de manera efectiva las acciones tendientes a garantizar el equilibrio de los ecosistemas para que las nuevas generaciones hualquinas también puedan disfrutar de la presencia viva de estos maravillosos seres vivos.  Hoy es tiempo de actuar.

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