El ser acertivo

by LaGaceta
Por Juan Barrenechea
Herrera

Vivimos una época en donde la asertividad se aprecia como una cualidad muy escasa. Ya sea por rasgos de personalidad o por el temor a la discusión, entendida como la confrontación de ideas, el común de las personas rehúye la exposición sincera de puntos de vista y, ante la posibilidad de manifestar disidencia, opta finalmente por la pasividad o el consentimiento. Desde ese punto de vista, resulta lógico entender que la gente privilegie el consenso por encima de la comunicación franca y adecuada. No obstante, esta postura no es tan rígida cuando aparecen en juego elementos propios de nuestra modernidad. Tal es el caso de las redes sociales, en donde parecen florecer algunos atisbos de capacidad asertiva.

¿Qué nos lleva a manifestar nuestra posición frente a cierto tema con firmeza y convicción a través de un Twitter? ¿Por qué esta conducta no se repite cuando enfrentamos al grupo al cual dirigimos nuestros planteamientos en directo?

No cabe duda que el teclado nos tienta a sacar lo que llevamos dentro sin el temor al “efecto” o a la respuesta. Esto porque, en cierto modo, nos sentimos blindados por la pantalla. Haciendo una analogía,  experimentamos la misma sensación del soldado que dispara misiles a cientos de kilómetros, es decir, la distancia con nuestro receptor enciende la conducta asertiva tan bien guardada en algunas personas.

Lo sicólogos modernos señalan que la falta de autoestima y la inseguridad reprimen fuertemente la capacidad  de comunicación eficaz y sincera. Esta situación resulta particularmente peligrosa, ya que convierte al ser humano en una entidad sin voz, lleno de miedos y frustraciones,  además de particularmente soso al momento de participar del debate social.

Otra conducta también recurrente está dada en la utilización de la  sicología inversa, en muchos casos asimilada como un sugerente mecanismo de autodefensa que desnuda claramente nuestra carencia asertiva.

Siguiendo esa línea, la expresión sincera guarda mucha relación con el desarrollo humano, ya que la conducta asertiva permite a las personas expresar oposición, sin entender esta como un sentimiento negativo, muy por el contrario, debería considerarse como un  sentimiento sano y beneficioso para el ser humano, ya que favorece la autocrítica y la autenticidad.

Considerando todos estos elementos, podemos sostener que la asertividad, entendida como una habilidad social y comunicacional reflejada en la expresión de pensamientos de manera honesta y directa, permite decir lo que uno piensa y actuar en consecuencia. Esto sin duda favorece la eficacia personal, reduce la ansiedad y potencia la autoimagen, pero más allá de aquello, su importancia radica en que facilita el encuentro consigo mismo y, por ende, aporta elementos fundamentales para una definición de nuestro sentido de existencia.

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