Cuentos de La Colonia, recopilación de relatos de la Villa Real de Rere y Tralcamahuida

by LaGaceta

LAS TRES ALDEANAS

Autor anónimo

En  una aldea habían tres hermanas que tejían  los atuendos más hermosos nunca antes vistos, la fama de estas tres hermas llegó a oídos de un Príncipe de un  reino muy lejano, después de cabalgar varios días  llegó a la aldea donde  Vivian  estas tejedoras, preguntando llegó  a una cosa muy humilde pero cuando fue recibido por estas tres doncellas pudo ver en la entrada tejidos finos como nunca antes había visto, extasiado, preguntó quién lo había tejido yo dijo una, tan luego preguntó por otro, yo respondió la otra, preguntó por  la tercera prenda, yo respondió la tercera. El príncipe se sentó en una modesta banca, pensativo dujo, estoy fascinado por estas prendas tan hermosas que vosotras habéis tejido, solo manos como las vuestras han sido capaces de hacerlas. Las humildes jóvenes siendo muy hermosas las tres lo miraban extrañadas, hasta que él  les dijo: En una semana más volveré y me casaré con la que sea capaz de tejerme la túnica más fina y hermosa.

Así fue que las hermanas cada una empezó a tejer a escondida de las otra, para que  no fuera copiada tal prenda. A la semana llegó el príncipe sin saber cual de las tres hermosas jóvenes sería su esposa,  siendo recibido con los honores de un príncipe cada  una de ella con la esperanza de ser su esposa, siendo modestas aldeanas  cuando sus padres fallecieron a muy temprana edad, ellas dedicaron su vida a tejer   y así pidieron subsistir dignamente, hasta que se supo hasta muy lejos de estas gran tejedoras. De los hilos más finos nunca antes vistos.

El joven  luego sentado le pidió la túnica tejida a la joven mayor, esta le hizo entrega un huevo, el joven muy extrañado lo miró se sonrió  y preguntó, ¿Qué es esto? La  joven respondió dentro encontraras la túnica que me pediste señor príncipe, el joven quebró la cascara de huevo y extendió una hermosa túnica, que solo cabía en una cascara de huevo. Vino la segunda hermana, esta le entregó una nuez, el joven príncipe ya en conocimiento por la hermana mayor abría  la nuez y desde su interior extrajo un tejido muy fino correspondiente a la túnica que había pedido, viene la tercera hermana esta le hizo entrega de su trabajo

 En una avellana,  incrédulo aún el joven abría la avellana y desde su interior apareció el trabajo más fino jamás visto, entonces solicitó la mano de esta joven aldeana para convertirla en su esposa, por esas manos tan hermosas, capaz de tejerle la túnica más hermosa. La noticia se corría por otros reinos, y  el día de la boda se celebró con muchos príncipes y aldeanos, las hermanas fueron escogidas como esposas por  príncipes que tenían su reino  muy  lejos,   fueron llevadas por sus respectivos esposos, enseñando a tejer a todos sus súbditos. Las tres hermanas fueron muy felices por tener este don de tejer.

SAZÓN A SAZÓN.

Autor anónimo:

Había una vez un Rey que tenía tres hijas, este rey era muy feliz con su esposa y sus lindas princesas, como también sus súbditos lo amaban mucho, porque era un rey justo, bueno de corazón, pero el rey a la que más amaba era a su hija menor.

 Cuando llegó el día en que celebraban el día de El esperó en su trono los saludos de sus súbditos, casi todo el día acudían a saludarlo colmándolo de regalos, ya cansado de tantos saludos muy feliz,  pasaron al gran comedor, para cenar con sus hijas y su esposa, que era lo que más quería, los sirvientes ya tenían los mejores manjares para su rey todo era felicidad. Cuando le correspondió a sus hijas saludarlo, la primera fue la mayor, en una caja muy pequeña le hizo entrega de un brazalete lleno de diamantes, el padre emocionado abrazó a su hija agradeciendo tal regalo, luego le correspondió a la hija del medio, Esta en una caja más pequeña le regaló una sortija, también llena de brillantes. Igualmente el rey muy emocionado recibió el regalo abrazándola. La reina observaba emocionada  la escena tan llena de amor, Ella ya le había entregado a primera hora un collar de piedras preciosas. Cuando le correspondió a su hija menor hacerle entrega del regalo del día del rey. Esta se presentó ante su padre  sin nada. Entonces le dijo: -Padre mi regalo es quererte sazón a sazón.

 El rey muy ofuscado sintiéndose ofendido, dio la orden de desterrar a su hija por la actitud que había tenido en su día.

Dos guardias la llevaron muy lejos dejándola en la montaña, sola sin nada y sin nadie. Allí permaneció llorando, hasta que decidió caminar en busca de algún palacio donde encontrar trabajo. Después de caminar por muchos  días llegó a un palacio,  buscó la puerta de servicio, hablo con la servidumbre para que le dieran trabajo, los siervos de este palacio la recibieron sin saber quién era ella tampoco lo dijo, una sirvienta más,  todo el día hacía diferentes trabajos, lavar platos, limpiar los pisos, limpiar los vidrios, lavar  las ropas, pero su jornada de trabajo terminaba a las cinco de la tarde, A esa hora se iba a un lago que quedaba cerca del palacio, allí en un hato llevaba sus ropas de princesa, con las que se vestía y se peinaba  su linda cabellera, luego se miraba en las cristalinas aguas, miraba los patos y cisnes que regocijados nadaban en el hermoso lago, como estaba allí sola les decía patín, patín si tu amito me viera se moriria de amor por mí. Esto lo repetía todas las tardes. Las aves extasiadas de ver tanta belleza en la princesa caían emocionadas ahogándose en el agua, esto se fue repitiendo día a día no sabían que pasaba con las aves que cada día tenían que recoger algunas aves muertas.

 Ya había pasado un año nunca dejó de ir al lago, los patos y los cisnes al  verla tan bella, se alborotan, batiendo sus alas, dando graznidos  extraordinarios.

Un día estando la princesa en el lago y las aves alborotadas de ver tanta belleza, el príncipe hijo del rey  del Palacio donde ella era sirvienta,  sintiendo tanto alboroto se acercó en su corcel a ver qué pasaba, escuchando el rezo de la joven, patín, patín si tu amito me viera se muriera de  amor por mí.

 El joven al verla allí con su traje de princesa, cayó del caballo casi desmayado, ella acudió a socorrerlo, lo ayudó a levantarse, quedando los dos de frente, mirándose ambos extasiados, cuanto rato estuvieron ambos sumidos en un éxtasis de amor.  Una vez ya recuperados la princesa le contó su tragedia,  El príncipe la subió a su caballo llevándola hasta el palacio, allí le contaron a los reyes lo sucedido, fijando la fecha de su boda. A la que serían invitados todos los Monarcas de los diferentes Reinados.

El día de la boda siendo algo espectacular,  todos se preguntaban quién era esta princesa tan bella, que antes nunca habían visto, antes de la boda la joven le pidió al príncipe que todo lo que fuera servido  la parte para su padre la tendría que preparar ella es lo único que le pediría, así fue que los preparativos de todo el banquete fue hecho por los sirvientes pero lo correspondiente para su padre lo preparó ella, dejando aparte todo lo que tendrían que llevarle al Rey su padre, así fue que el banquete fue servido por garzones o criados y uno especial atendió a el invitado especial.  Cuando ya todos habían consumido los ricos manjares, la Princesa se acercó a este Rey que de todo  no había consumido nada tanto él como su esposa y sus hijas, entonces la Princesa  junto  a su familia que recién la estaban reconociendo, Flamante con su traje de novia de muchos velos y encajes, les preguntó por qué no habían comido nada, si todos los invitados habían disfrutado la comida,  todos se miraron, luego su padre respondió, no hemos podido consumir un solo bocado porque no tiene sal no tiene gusto a nada.

 Eso es padre mío manifestó la princesa, eso es lo que yo te dije, y tú me castigaste, yo te quiero sazón a sazón. El rey muy avergonzado pidió perdón a su hija con sus ojos llenos de lágrimas la abrazó tiernamente, lo mismo hicieron sus hermanas y su madre.

EL  ZAPATERO  DEL  REY

(Autor anónimo)

El humilde hombre, zapatero del Rey estaba agotado de tanto trabajar, no había dormido en varias noches, porque el Monarca le exigía un par de zapatos diarios para su hija la princesa.

El Monarca ya se empezaba a preocupar por la actitud de su única hija,  no salía  y pasaba  el día  durmiendo e igual gastaba un par de zapatos cada día.

¿Qué  misterio será éste? Se decía. El buen Rey. Entonces  decidió colocar un guardia en la puerta de la alcoba de la princesa,  este se mantuvo allí las veinticuatro horas, sin ver nada extraño.  El Monarca llamó una institutriz  para que compartiera la alcoba con su hija, igualmente la buena mujer no reportó nada extraño, sólo que los zapatos de la princesa igual amanecían  en muy mal estado,  porque la sumisa mujer se durmió toda la noche, tanto fue así que el Rey cansado de pedir ayuda decidió  cuidar  él  mismo de su hija, día y noche dejando la puerta con llave, se quedó en el bosque  observando el Palacio desde lejos, llegada la noche, vio cómo la Princesa se deslizaba por la ventana, caminando  hacia la arboleda, muy  lejos de allí  había  un bosque en llamas,  El Rey la siguió  y grande fue su sorpresa cuando vio que su hija se introdujo por entre el fuego, ese era un territorio prohibido  para todos los habitantes.

 El Monarca  se quedó  pensando si su hija habría pasado sin quemarse. Su preocupación  de padre lo llevó a seguir tras ella, pero a medida que avanzaba el fuego desaparecía y el bosque era frondoso y fértil. La Princesa corría y corría bajo los enormes árboles,

De pronto  llegó  a un claro donde había un pequeño lago helado, entonces la bella joven  empezó a bailar y bailar, El  se quedó extasiado contemplando lo hermoso que era ver bailar a su linda hija. Así  estuvo hasta que al venir el día  la princesa ágil y elegante emprendió  el regreso al palacio corriendo por un camino de flores.

El Rey  comprendió por qué su hija gastaba tantos zapatos. También se dio cuenta que el fuego del bosque no era otra cosa, sino que fuegos fatuos, entonces ordenó hacer un camino hasta el pequeño lago y ofreció  una gran fiesta en el Palacio,  invitando a muchos Príncipes y Princesas

El Rey y la Reina  fueron muy felices de ver a su hija bailando en los salones del Palacio  con apuestos jóvenes,  enamorándose de uno con quien contrajo matrimonio y fueron muy felices y todos iban a pasear al lago en las noches de luna.

El zapatero, pudo descansar por las noches, ya que no tenía que hacer tantos zapatos.

EL ALDEANO Y LAS  TRES BRUJAS

(Autor anónimo)

 Había en una pequeña aldea un hombre muy pobre, un día decidió dejar a su familia con mucho dolor  para buscar trabajo en otros lados, su mujer le arregló una merienda y algo de ropa para su viaje, caminó todo el día, de bosque en bosque, en la noche sin tener donde dormir se acomodó en el tronco de un árbol,  justo a las doce de la noche sintió voces, con miedo se quedó allí  en silencio sin mover ni una mano, pronto pudo darse cuenta que se trataba de tres brujas, que tenían su lugar de encuentro en el ramaje donde él estaba durmiendo.

Después del saludo una le preguntó a la otra que novedades había en su pueblo, esta le manifestó que estaban todos sin agua, pero eso era tan fácil de solucionar porque sólo tenían que ir a la quebrada del ají romper la roca grande, con forma de un ají, y el agua empezaría a correr por todas partes, el pueblo no volvería a sufrir de sequía, las tres brujas se rieron, de saber que un pueblo estaba sufriendo por falta de agua si el remedio era tan simple. Luego la segunda dijo: En mi pueblo también hay falta de agua pero en el caso de nosotros el río cambió su curso y por eso nos quedamos sin agua, lo que hay que hacer es volver el río a su curso anterior, colocando palos y tierra para que así todos también vamos a volver a tener agua. Nuevamente las brujitas se rieron mucho, ahora la tercera, manifestó en mi pueblo se está muriendo la Machi, todo el pueblo llora porque esta mujer tiene la mala costumbre de mejorarlos a todos, y lo único que tienen que hacer es ir a la quebrada del ángel sacar agua de la vertiente y con esa agua la Machi se va a mejorar. Ja ja  todas se rieron mucho por las novedades de su pueblo, se despidieron y cada una regresó a morada.

El aldeano impresionado por lo que había  escuchado emprendió su viaje muy temprano,   como al medio día llegó a un pueblo en el que hacía mucho calor, la gente en las calles sin hacer nada, conversó con algunos pobladores que le hicieron saber que prácticamente se estaban muriendo por falta de agua, el buen hombre les preguntó si existía una piedra llamada el ají, sí respondieron queda más allá del monte verde que ahora ya no es verde por la sequía, vamos les dijo: fueron todos al monte verde así como avanzaban se iban agregando más personas.

Una vez allí el aldeano empezó a golpear la piedra con otra piedra, esta piedra con forma de ají  no quiere ceder, pero entre todos la golpearon hasta cortar la parte de arriba que era como la punta de un ají. En ese instante el agua empezó a salir a borbotones, todos corrieron felices, haciéndole muchos regalos al humilde hombre, que en ningún momento pensó en sacar provecho por divulgar el secreto que por casualidad había sabido. Volvió a su casa para entregarle a su familia tantas cosas que había recibido, para encaminarse nuevamente en busca del segundo pueblo que también estaba sin agua.

Después de caminar varios días llegó justo a un pueblo que también estaba falto de agua. Conversó con los pobladores y les dijo que lo acompañaran  a ver  el río, ya no tenemos río dijo uno de los pobladores, pero el río tiene que estar,  y fueron casi todo el pueblo en busca del río  cuando lo encontraron, entre todos cortaron palos del mismo bosque e hicieron volver el cauce anterior regando así el pueblo que había quedado sin agua, todos muy agradecidos hicieron muchos regalos al humilde hombre, carretas llenas de muchas cosas. Nuevamente se encaminó a su hogar donde lo esperaba su esposa con sus tres hijos. Venía con muchas carretas cargadas de regalos,  dejó a su familia regresando en busca del tercer pueblo que tenía a su Machi enferma,  cuando encontró este pueblo igualmente habló con los pobladores y les preguntó dónde quedaba la vertiente del ángel, le indicaron donde quedaba y solo pidió  un cántaro en el que trajo el agua que mejoraría a la Machi, una vez que la buena mujer se tomó el agua al instante se sintió como si nunca hubiera estado enferma, igual pasó con los pobladores lo colmaron de regalos, llegando a su hogar del último viaje, rico en todo sentido porque todo lo que le regalaron fue demasiado.

 Entonces el  hombre más rico del pueblo no contuvo la curiosidad, y fue a hablar con este aldeano para saber que había hecho para obtener tantas riquezas, el humilde hombre le relató todo lo que había hecho. El hombre rico partió a la mañana siguiente, buscó el árbol  hueco y allí se quedó a pasar la noche, cuando ya dormía profundamente, sintió voces, contento se quedó a escuchar, lo que las brujas comentarían, grande fue su sorpresa, cuando cada una cuenta que su secreto había sido descubierto por un aldeano que no sabían quién era, entonces estas brujas se preguntaron: ¿No estará alguien escuchando nuestras conversaciones? Y bajaron a ver el tronco del árbol encontrándose con el hombre millonario al que sacaron al instante y lo maltrataron tanto que ahí quedó  tirado en el suelo, una vez más repuesto volvió a su casa a muy mal traer.

LA     MADRINA

 (Autor anónimo)

 Había una vez una señora muy, pero muy rica y tenía una vecina que era muy, pero muy pobre. Este  matrimonio pobre recién había  tenido un hermoso niño y pensaban dárselo como ahijado a la señora millonaria. Ésta aceptó el ahijado y le hizo una pequeña fiesta para el día de su bautizo.

Al poco tiempo el niño enfermó gravemente y falleció, su madre avisó  a la madrina y a la vez, le informó que no tenía  con qué hacerle la mortaja. Entonces  la señora envió  una sábana blanca viejísima y buscó por ahí una cinta celeste, también vieja, para que se la amarraran  a la cintura. En la tarde volvió la pobre mujer a pedirle algo para servir a la gente que la estaba acompañando en el velatorio. La  mujer rica fue a su huerto y sacó  doce hojas de coles, todas de la parte de afuera de las plantas, que no estaban en muy buenas condiciones, y  se las entregó  a la pobre mujer.

Al tiempo después muere la señora rica y en su muerte cae a una fosa llena de fuego. Sin poder  salir de allí, empezó a gritar desesperada. Su ahijado acudió presto a ella para socorrerla.

-Yo la sacaré de ahí Madrina. Le gritó, y trajo las doce hojas de coles. Desde la orilla de la fosa, le pasó una hoja para que su madrina la alcanzara y así poderla subir hasta la superficie,  pero como esta era vieja, apenas la Sra. La tomó  se cortó.

 De esta, Madrina, le gritó el niño desesperado, pasándole otra.  Y así fue pasándole una en una hasta completar las doce hojas de col  y todas se cortaron, se quedó muy apenado a orillas de la fosa ardiendo. Entonces pensó. ¡Mi mortaja! ¡Madrina! Le gritó, se sacó  la mortaja y se la tiró a la desesperada mujer.

 Venía subiendo muy bien, él le iba a pasar la manito para ayudarle y ¡Rammm! Sonó  el género viejo al rasgarse, no era más que una sábana vieja y la madrina se fue abajo, con su peso se hundió mucho más.

  -¡Me queda la cinta,  Madrina! Le gritó. ¡Me queda la cinta!

 Y le pasó igualmente la cinta, que era mucho más larga,  ella se tomó con todas sus ansias para salir del fuego que la quemaba. Ya la iba a alcanzar el niño con sus manos, cuando nuevamente ¡Rammmm! Se cortó  la cinta que era también  muy vieja y allí quedó  su madrina consumiéndose en el infierno. El niño  se fue muy triste por no haber podido  salvar a su madrina.

EL REY PILON

(Autor anónimo)

Había una vez un Rey  que vivía  con su mujer la Reina y eran muy felices.

Para aumentar aún más esta felicidad, los Reyes esperaban su primer hijo, El rey  se hacía  atender por un lacayo de mucha confianza, en sus aposentos donde no podía  entrar nadie más.

 Los súbditos se preguntaban ¿cuál  sería el secreto del Rey  si ni la reina podía entrar a su alcoba privada? Pero  el fiel sirviente que llegaba por las mañanas muy temprano y se retiraba por las noches, no divulgaba el secreto de su buen Rey.

Una mañana el Palacio estaba convulsionado, la hermosa reina había traído al mundo una bella princesa, pero la niña fue llevada inmediatamente a los aposentos del Rey  por el fiel sirviente que atendió a la reina en su alumbramiento. Al poco tiempo del nacimiento de la niña la Reina enfermó gravemente hasta morir. El rey estuvo muy triste cuidando de su adorada hijita pensando en la pérdida de su amada  Esposa.

 En el Palacio había  una criada que atendía a la Reina,  al morir ésta, la sirvienta daba vueltas por el Palacio, pero no podía  entrar al aposento del Rey. Un día el fiel sirviente que cuidaba del monarca,  debió  salir por un instante para pedir un manjar de nueces para el Rey. Ocasión  que la mala mujer aprovechó para entrar  a los aposentos del Rey, que en ese momento se había dormido, vio a la princesa en su cuna y no viendo nada extraño en ella ni en el Rey decidió raptarse a la niña. Llevándola a una anciana para que la cuidara, al otro lado del bosque, muy lejos del palacio.

 Cuando  el fiel lacayo regresó, se percató  de la ausencia de la Princesa  fue hasta la pieza contigua donde estaba el Monarca dormitando, lo despertó  y le preguntó  por la niña. Desesperados  por esta desgracia, ordenaron buscarla inmediatamente, los guardias de Palacio  buscaron y buscaron a la Princesa pero, todo fue inútil.

El  Rey  entró  en una gran  tristeza, primero había perdido a su Esposa y ahora le habían raptado a su hija.  La sirvienta, autora del rapto de la Princesa,  se acercó cada día  más y más  al Rey  hasta que logró  sus propósitos, casándose con el Monarca.

Para sorpresa de la mujer, el rey  siguió solo en sus aposentos y ella pasó  a ocupar una de las alcobas de los visitantes.

Al poco tiempo trajo al mundo una segunda hija al Rey, Él la vio, examinó minuciosamente dejándola con su madre, entonces ella le pregunto.

-¿Por qué no llevas  a la Princesa a tus aposentos mi buen rey? 

 El Rey la miró y respondió: -No existe ninguna razón para que yo lleve a la princesa a mis aposentos.

 La nueva Reina  seguía intrigada  porque aún siendo su esposa no se le permitía  entrar en las habitaciones del Rey y jamás lo vio sin su corona. Un día  la reina quiso hacerle cariño en su larga cabellera rozándole la preciosa joya, pero el Rey  muy indignado se retiró a sus aposentos donde lo esperaba su fiel sirviente.

La intrigante mujer, ahora Reina, no podía descubrir cuál sería  el secreto del rey  que ocultaba tanto.

Pasó el tiempo y la anciana que vivía  al otro lado del bosque muy lejos del Palacio murió  por los años, quedándose la joven princesa sola sin saber qué  camino tomar, ella    caminó, mucho hasta llegar a un hermoso Palacio donde pidió  trabajo,  la ama de llaves le recibió y la hizo ingresar a los quehaceres de la cocina, pero un buen día la niña que servía  la mesa de los monarcas enfermó,  entonces la Princesa  debió  ir a servirle a los Reyes, la ama de llaves  la arregló  lo mejor que pudo para que fuera bien presentada,  ya que la anciana que la había  cuidado era muy pobre y por lo tanto no tenía cómo presentarse.

Cuando entró a los comedores los comensales se quedaron extrañados de ver su belleza, más el Rey estuvo muy sorprendido porque le recordó  a su primera Esposa, mirándola muy interesado le preguntó.

-¿Cómo te llamas hermosa niña?

-¡María! Le respondió  ella, (María  era el nombre que le había dado la vieja que la había criado)

 Su voz dulce y agradable confundió  aún más al rey, recordándole a su primera esposa, que tanto la había amado.

La actual Reina que estaba sentada al lado de su hija también princesa se levantó de su asiento y en forma muy enérgica la mandó  a buscar una tijera,  la joven niña inocente de las intenciones de su madrastra le trajo el artefacto entregándoselo con humildad. Esta sin saber que esa niña era la misma que ella había raptado años atrás, ahora sumida  en sus celos mal infundados, tomó  a María  de su larga y hermosa cabellera,  cortándosela lo más que pudo, todo fue tan rápido,  que el Rey no se percató  de la ira de su mujer, sólo  cuando ya tenía  a la joven con todo un lado sin su hermosa cabellera y entonces  el Rey   en un grito de dolor y alegría  se levantó  también  de su silla. ¡Mi hija!  Exclamó, ¡Es mi hija! Repitió. La niña  se tapaba desesperada la falta de su cabellera para que no le vieran la ausencia de su oreja. El Monarca la llevó a sus aposentos y al entrar, el lacayo exclamó  ¡Es la Princesa!

La niña le contó a su padre todo lo que había  sufrido. Pero como éste era un hombre de muy buen corazón, perdonó  a la reina que tanto daño había hecho, a la vez la Reina muy arrepentida se disculpó ante el Monarca y la Princesa,  explicándoles que el afán por descubrir el secreto que el tanto ocultaba la llevó a cometer tan vil acción.

El rey se sonrió y les dijo: ¿qué secreto tan grande que a uno le falte una oreja?

Soy el Rey Pilón y mi hija también heredó mi defecto que tanto traté de ocultar. Todos rieron y fueron muy felices.

También te puede interesar

Leave a Comment