Convivir con los independientes

by LaGaceta
Por Arthur Badilla Quiroz

El estallido social, eminentemente callejero, con tintes anarquistas y asistémicos, dio origen a un movimiento social que permitió a una ciudadanía aletargada en el shock del abuso permanente, despertar y exigir lo que en cualquier país desarrollado es lo mínimo.

Se dice que los Partido Políticos llegaron tarde, que los partidos, que por décadas gobernaron el país son cómplices, coautores de estos abusos, y cómo no, si la Concertación, más allá del enorme progreso que trajo a la sociedad Chilena, fue incapaz de cambiar el modelo, y lo peor, es que muchos de sus líderes se transformaron en accionistas del sistema.

Hoy se han instalados distintos tópicos que la ciudadanía va internalizando y de alguna manera, como dirigentes políticos, tratamos de asimilar. Pero estamos tan desconectados, tan desfasados, que hacemos un burdo ejercicio de actualizarnos y subirnos al carro de la victoria del APRUEBO, del Feminismo, del 8M, de las mesas ciudadanas, y de cualquier movimiento social surgido desde las bases en circunstancias que por años hemos ignorado la existencia de esta realidad. (Quizás algunos como individuos, pero nunca como institución y las políticas públicas creadas para la situación fueron insatisfactorias e ineficientes)

Pongo un ejemplo citado hoy por El Mostrador del director de la Escuela de Publicidad de la UDP, Cristián Leporati, “El problema no estriba en la dificultad de alcanzar acuerdos en un hipotético comando que agrupe a todas las miradas de la oposición. El tema es más bien de carácter cultural de toda la clase política de oposición. La confusión es total, porque ellos no fueron invitados a esta fiesta, ellos llegaron después, y se dan cuenta además que no son bienvenidos. En este contexto es difícil, es una guerra cultural entre la ciudadanía y la política tradicional post dictadura. Es difícil encontrar un espacio comunicacional y una forma de posicionarse frente a un plebiscito”

En mi opinión personal y como dirigente regional de mi partido, los PP.PP. son los únicos instrumentos de transformación social, por su esencia legal más que todo. Entiendo que los distintos grupos sociales gestionan en la medida que satisfacen sus necesidades, es decir, NO+AFP existirá hasta que finalmente el sistema de AFP se cambie. No más TAG, funcionará hasta el día en que no haya más TAG o bajen los cobros. Es decir, todo grupo de presión tiene vigencia hasta que consigue satisfacer su necesidad.

De igual manera, los movimientos sociales no tienen una regulación legal, ni orgánica, ni interlocutores válidos. Pueden poner vocerías que se diluyen una vez conseguidos sus objetivos o en un recambio originado más por las coyunturas que por un proceso de elección de liderazgo del mismo movimiento.

En síntesis, el estallido social justamente adolece de estas características, por tanto, reitero la importancia y la necesidad de la existencia de los partidos políticos.

¿Pero cómo lo hacemos para retomar ese liderazgo natural que nos permitió conducir la sociedad por décadas? Inevitablemente hay que reformar la estructura, la composición y la conducción de los Partido Políticos tradicionales.

En la realidad Radical, ese viejo recuerdo de asambleas llenas deliberando en cuanto a sus candidatos/as y tomando decisiones para apoyar o cambiar la conducción del partido, corresponde a un pasado utópico que no volverá. Pensar que vamos a articular todas las directivas comunales es un sueño inalcanzable, aunque el esfuerzo de algunos correligionarios comprometidos mantiene viva la tradición comunal, hoy el panorama es bastante desolador, si hasta cuesta reunirnos a nivel provincial.

Las nuevas estructuras serán virtuales, al igual que las campañas políticas. La militancia también está en retroceso, tanta complicidad con los abusos han incidido en que las personas vean los partidos como antros de corrupción y una muestra concreta, es la dificultad para reclutar nuevos militantes para todos los partidos del espectro, claro, excepcionalmente cuando llegamos a ser Gobierno, ahí vuelven varios y otros nuevos hacen fila curriculum en mano como si un PP.PP fuese agencia de empleo. Más aún que la declaración de principios y la gloriosa historia la ignoran hasta los mismo dirigentes (no todos claro).

Pero busquemos soluciones. Se hace imperativo la integración de independientes, casi sin exigir deberes y corriendo un riesgo brutal de que el día de mañana se cambien de bando o empiecen a legislar de una manera distinta a nuestra ideología, como ejemplo, un Parlamentario de apellido Auth, sin embargo, ese riesgo hay que correrlo, porque estamos en la UTI.

En este escenario, importar ex militantes de otras tiendas, confiar cupos parlamentarios y de concejales a independientes y apoyar candidatos/as a alcaldes en la misma condición, se me ocurre como una de las pocas alternativas para revitalizar la difusión de propuestas radicales, porque si bien los militantes constituyen la imagen pública y también el electorado interno para la dirigencia, la difusión de ideas radicales puede pasar por interlocutores ajenos a la militancia.

Convivir con los independientes parece ser el futuro de los PP.PP. sumando la situación de las candidaturas unipersonales, que la ley anti díscolos finalmente permitió fomentar y validar que un alcalde o candidato/a a alcalde, no necesita partido, porque el partido en cualquier momento lo puede sacrificar (Vg. Jorge Del Pozo, Bernardo Ulloa). Así es más cómodo y seguro ser independiente y no darle explicaciones a nadie, sin tener compromisos institucionales.

Dicho lo anterior, la estructura partidaria se debilita, las directivas tendrán menos respaldo interno, pero más poder de decisión territorial y gubernamental cuando corresponda. Los partidos tendrán orgánicas más pequeñas, pero con poder de decisión sobre Ministros, Alcaldes, Parlamentarios y Concejales y CORES.

Esto parece bueno, pero le falta alma a la institución, las propuestas, las ideas, las causas emblemáticas y la conexión social son elementos fundamentales para retomar el liderazgo.

He leído algunos colectivos radicales que promueven propuestas muy concretas que si la orgánica las asume y difunde, podría generarnos más adhesión popular. Puedo colegir que las ideas están, sin ir más lejos, la Convención de 2011 en Cartagena llegó a acuerdos muy importantes para el momento actual que vive Chile, sin embargo estas propuestas han sido invisibilizadas y hasta ignoradas.

Así las cosas, es menester exigir una convención ideológica, que retome lo obrado en Cartagena 2011 y modernizarla en virtud del momento histórico que vive nuestra sociedad.

No hay espacio para proyectos individuales, ya no queda tiempo para postergar los cambios, es ahora cuando necesitamos estar unidos en una sola dirección y volver al campo de las propuestas de la mano de los independientes.  

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